¡QUE NO!
Que no quiero más vino,
que no quiero camelias,
ni besos de labio fino.
¡QUE NO!
Que no quiero llorar,
que no quiero gritos,
ni saludos desde el mar.
¡Déjame!
Arrancas de mí la vida,
y me abrazas en lágrimas
tras ganar la partida.
¡Déjame!
No quiero tu calor,
ni tu aroma de mentiras.
Devuélveme el amor.
No busques sensatez en mí,
encontrarás odio en mis ojos,
azufre en mis manos
y veneno en mis palabras.
No busques piedad aquí,
de ti sacaría el dulce brillo,
de mi mano arrancaría tu vida
con un golpe de cuchillo.
Solo me dejaste en el mundo,
con única huella de flores
apagadas en tu tumba,
donde me hallo recitando
el poema que a duras penas
sale de mi garganta gritando.
Solo me dejaste en el mundo,
rabia y corazón de mármol.
Todo lo llevaste contigo:
tu sonrisa murió en la calle
y la pena conquistó el paso,
de rodillas aquí estoy, amigo.
Delante de este espejo,
conversando conmigo,
hablándole a mi corazón,
ardiente, roto y dolorido.
No puedo más que romperte,
cristal,
no quiero de mí más tu reflejo.
No quiero memorias
de ojos llenos,
no quiero sonrisas
de dientes muertos.
Sólo quiero recuperar
al ser que ayer miraba,
a través de tus cuchillos
de cristal roto,
lo que algún día fue.
Devuélveme la vida,
la vida, mi vida;
porque sin corazón
no sé vivir;
porque sin luna
no existen noches;
porque sin amar
no sé morir.