Llueve, ahora y aquí.
Los pasos de cien caballos
trotan y pasan sobre mí.
Miro al cielo en gafas mojadas,
de nubes tristes y madera gris.
Me siento vivo en tormentas,
de vientos peinando la tierra
de la que algún día salí.
Miro al cielo en gafas mojadas,
sin miedo a que la muerte sepa de mí.
Me siento vivo en naturaleza,
bebiendo del verde latido,
refugio donde hoy me perdí.
Miro al cielo en gafas mojadas
y tengo miedo de no poder seguir;
seguir caminando, sin olvidarme de ti.
domingo, 9 de febrero de 2014
domingo, 2 de febrero de 2014
Misterios del amanecer. Poema XLVIII.
Desnuda, al alba,
encontré la luna.
Y me dijo que de banderas
en los tejados se llenaba
el amanecer. No la entendí.
Desnuda, al alba,
encontré la luna.
Y me dijo que de flores
secas también se morían
los hombres. No la entendí.
Recitaba poemas
de los que podía respirar;
cantaba canciones
en las que podía nadar.
Testigo de luces en duelo;
tumba del día,
vidas nocturnas,
estrellas siempre en vuelo.
Luna lunera,
desnuda al amanecer,
¿qué misterios susurras
sin darme del querer?
Dormida, al alba,
te encontré.
Y te diste la vuelta,
cautiva del día,
sin más noche que ofrecer.
encontré la luna.
Y me dijo que de banderas
en los tejados se llenaba
el amanecer. No la entendí.
Desnuda, al alba,
encontré la luna.
Y me dijo que de flores
secas también se morían
los hombres. No la entendí.
Recitaba poemas
de los que podía respirar;
cantaba canciones
en las que podía nadar.
Testigo de luces en duelo;
tumba del día,
vidas nocturnas,
estrellas siempre en vuelo.
Luna lunera,
desnuda al amanecer,
¿qué misterios susurras
sin darme del querer?
Dormida, al alba,
te encontré.
Y te diste la vuelta,
cautiva del día,
sin más noche que ofrecer.
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