domingo, 2 de febrero de 2014

Misterios del amanecer. Poema XLVIII.

Desnuda, al alba,
encontré la luna.
Y me dijo que de banderas
en los tejados se llenaba
el amanecer. No la entendí.

Desnuda, al alba,
encontré la luna.
Y me dijo que de flores
secas también se morían
los hombres. No la entendí.

Recitaba poemas
de los que podía respirar;
cantaba canciones
en las que podía nadar.

Testigo de luces en duelo;
tumba del día,
vidas nocturnas,
estrellas siempre en vuelo.

Luna lunera,
desnuda al amanecer,
¿qué misterios susurras
sin darme del querer?

Dormida, al alba,
te encontré.
Y te diste la vuelta,
cautiva del día,
sin más noche que ofrecer.

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