Ardo; congelado en tu mirada,
la de unos ojos que no miran
sino desfloran primaveras.
Ardo; inmóvil en tus cabellos,
que reposan sobre cielo,
en tenue sombra del viento.
Ardo; y no pienso,
por sentir qué haría
si no pensara en mi sino.
Ardo; mirándote a través,
juntando nuestras vidas
en el mismo traspiés.
Ardo; y no me atreví al lugar,
morí aquí, con ganas de ti,
en la acera sin cruzar.
Ardo; y marchaste
del efímero encuentro
dejando del árbol sus ramas.
Te prometí el sol con la mirada,
por traspapelar el destino,
y tú... dejaste en muerte las llamas.
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