Observando el mundo girar,
una y cien vueltas,
con la mochila llena de sueños,
llevando todo el peso a cuestas.
Observando la vida pasar,
sin querer ser parte de ella,
aventura de un ego insaciable,
ahogando el pasado en la hoguera.
Observando la gente andar,
corderos parte de un caos,
autómatas de un sistema,
muriendo a pequeños bocados.
Observando los sueños volar,
del suicidio aventureros sin más,
pues no elevan ya sus alas
sin tener de la caída seguridad.
martes, 25 de junio de 2013
domingo, 23 de junio de 2013
La mágica frase. Poema XIX.
Tiempos de aire con sabor dulzón,
Estados de un nervioso corazón.
Querer pronunciar la mágica frase,
Ubicarla en la mente, sin darle salida,
Intrigado en cómo está esculpida.
En sentimientos no caben palabras,
Rehusamos del lenguaje, del color,
Obligando al corazón a vivir del amor.
Estados de un nervioso corazón.
Querer pronunciar la mágica frase,
Ubicarla en la mente, sin darle salida,
Intrigado en cómo está esculpida.
En sentimientos no caben palabras,
Rehusamos del lenguaje, del color,
Obligando al corazón a vivir del amor.
jueves, 20 de junio de 2013
Silencio del amor fugado. Poema XVIII.
Vi el silencio apagado
en tu mirada.
Clavabas tus cuchillos
en mi alma,
ya por entonces maltratada.
Me preguntaste sin responder,
te respondí sin preguntar.
"Nosotros" murió,
el Tú y el Yo debían regresar.
Se fue el pájaro del alba,
pasión de vuelo nocturno,
ambos sabíamos para entonces,
que le dejábamos morir taciturno.
Se transformaron
las dulces palabras
en largos minutos,
hijos del silencio.
Olvidamos aquellos paseos
para traer la rutina del enfado,
momentos de la lluvia,
de permanecer callado.
Líquido derramado
por un amor roto,
abrazo olvidado,
besos tirados a un pozo.
-¿Qué nos pasó?- preguntamos,
buscando respuesta sin dañar,
a la maldita pregunta eterna:
cuando el amor se olvida,
¿sabes tú adónde va?
en tu mirada.
Clavabas tus cuchillos
en mi alma,
ya por entonces maltratada.
Me preguntaste sin responder,
te respondí sin preguntar.
"Nosotros" murió,
el Tú y el Yo debían regresar.
Se fue el pájaro del alba,
pasión de vuelo nocturno,
ambos sabíamos para entonces,
que le dejábamos morir taciturno.
Se transformaron
las dulces palabras
en largos minutos,
hijos del silencio.
Olvidamos aquellos paseos
para traer la rutina del enfado,
momentos de la lluvia,
de permanecer callado.
Líquido derramado
por un amor roto,
abrazo olvidado,
besos tirados a un pozo.
-¿Qué nos pasó?- preguntamos,
buscando respuesta sin dañar,
a la maldita pregunta eterna:
cuando el amor se olvida,
¿sabes tú adónde va?
miércoles, 19 de junio de 2013
Soldado en tiempos de paz. Poema XVII.
Soldado en tiempos de paz,
perro sin su amo,
pescadores sin el mar.
Años ha, pies desnudos en la orilla,
silencio de la tormenta,
sonata triste de piano.
Lluvia acompañando
la precipitación traicionera,
lágrimas a medio derramar,
angosto miedo de la trinchera.
Todos niños asustados,
nadie queda a salvo.
El soldado no puede llorar.
No hay mañana
sin esperanza,
no hay batalla
sin matanza.
Recuerdos dolorosos,
empolvados y a medio enterrar,
todos ellos "necesarios"
para vivir ahora en paz.
perro sin su amo,
pescadores sin el mar.
Años ha, pies desnudos en la orilla,
silencio de la tormenta,
sonata triste de piano.
Lluvia acompañando
la precipitación traicionera,
lágrimas a medio derramar,
angosto miedo de la trinchera.
Todos niños asustados,
nadie queda a salvo.
El soldado no puede llorar.
No hay mañana
sin esperanza,
no hay batalla
sin matanza.
Recuerdos dolorosos,
empolvados y a medio enterrar,
todos ellos "necesarios"
para vivir ahora en paz.
miércoles, 5 de junio de 2013
Amanecer. Poema XVI.
Taciturno y tedioso,
cortes profundos
de halo naranja,
amanecer del coloso.
Luna del sol orgulloso,
día y noche,
amantes en color,
el uno del otro envidioso.
Natural del Todopoderoso,
luchas divinas
de rayos enfrentados,
creación de un amor azaroso.
Explosión fugaz en acuoso,
bajo acuarelas retratado,
en óleos quedó perfilado,
nada demasiado pomposo.
Muerte del oscuro caballeroso,
paso al blanco renovador,
bajo la mirada de la luna-madre,
amanecer de mar espumoso.
cortes profundos
de halo naranja,
amanecer del coloso.
Luna del sol orgulloso,
día y noche,
amantes en color,
el uno del otro envidioso.
Natural del Todopoderoso,
luchas divinas
de rayos enfrentados,
creación de un amor azaroso.
Explosión fugaz en acuoso,
bajo acuarelas retratado,
en óleos quedó perfilado,
nada demasiado pomposo.
Muerte del oscuro caballeroso,
paso al blanco renovador,
bajo la mirada de la luna-madre,
amanecer de mar espumoso.
lunes, 3 de junio de 2013
El ascenso, parte IV. Juego literario.
Para seguir la historia completa visita el siguiente link: http://angelgarriv.blogspot.com.es/p/el-ascenso.html
-Explíquese, por favor. -dijo movido por la curiosidad, por esa misma que le hizo abrir la puerta a un completo desconocido de tintes sombríos y rodeado por el más completo secretismo.
-¿Es usted David? ¿David Westinghouse?
-Sí, soy yo. ¿Cómo sabe mi nombre? -contestó perplejo.
-Eso no importa ahora, no tengo demasiado tiempo. Si estoy en el lugar correcto no deberían tardar en llegar.
-¿Tardar en llegar? ¿Quién? -preguntó, pensando dubitativo en si debería saber lo siguiente-. ¿Estoy en peligro?
-Deje las preguntas para más tarde, por favor. -respondió de forma seca y dominante-. Ahora escuche esto con atención.
El desconocido se inclinó hacia adelante y apoyó los codos sobre el escritorio.
-Su padre falleció la semana pasada. Fue asesinado por... -dudó en si debería continuar-. Bueno, fue asesinado.
-¿C-C-Cómo? -vaciló-. ¿Mi padre? Mi padre murió hace nueve años en un accidente de tráfico. Creo que se equivocan de persona.
-Eso fue lo que intentamos que pareciera. Déjeme continuar, se lo explicaré. -dijo el hombre de forma cortante-. Su padre llevaba trabajando con nosotros desde hacía un par de décadas. Trataba de recomponer un proyecto en el que hacía años que trabajaba. Intentaba crear energía desde la nada. Energía libre, gratuita y accesible incluso para las personas más pobres. Esto no gusta a todo el mundo, ya que, para empezar, las multinacionales energéticas se desmoronarían y esto provocaría el más absoluto caos económico y financiero mundial. Enfadaría a demasiadas personas. Creo que me entiende. Tuvimos que hacerle desaparecer. No había otra opción.
El profesor seguía aún estancado en la primera frase que el desconocido dejó escapar de su boca y en su mente se repetían sin cesar, como un martillo golpeando un yunque: padre-asesinado-semana pasada.
El tiempo había pasado casi imperceptiblemente, ni siquiera se dio cuenta de que había oscurecido y la estancia en la que se encontraban ambos hombres a penas era iluminada por el reflejo de las farolas de la calle, a unas decenas de metros bajo ellos. Más que iluminar, perfilaban de manera sutil la oscuridad.
-Ahora que su padre ha muerto, queremos que usted continúe su proyecto, si no habría dado su vida en vano. -el hombre continuó-. Meses antes de morir nos habló de usted y nos informó de que mientras cursaba su carrera universitaria le ayudaba a preparar este mismo proyecto.
-Sí, eso es cierto. -acertó a responder mientras su memoria empezaba a viajar muy atrás en el tiempo-. Le ayudaba. Pero de eso hace muchísimos años y no tengo ni la menor idea de cómo podría ayudarles a continuar el proyecto si tan siquiera soy capaz de hablar con mi padre sobre él. No sé en qué estado estaría.
-No se preocupe por ello. -contestó mientras sacaba de uno de los bolsillos de su gabardina un cuaderno-. Tome, aquí está toda la información que necesita sobre el proyecto. Su padre fue muy inteligente al apuntar cada uno de los pasos que fue dando.
El profesor reconoció de forma inminente ese cuaderno. Era la agenda de su padre. Negra, sencilla, sin nada escrito en la portada. Lo único que rompía la sobriedad de aquella agenda era una floritura con forma de búho en la esquina inferior derecha del mismo.
Ambos hombres callaron. El profesor miraba con detenimiento el exterior de la agenda. El desconocido le observaba con tensión. Y, de repente, se hizo el silencio. Era un silencio casi absoluto. Es ese tipo de silencios que dan lugar justo antes de que ocurra algo malo, muy malo.
El profesor recordaba ese silencio porque era exactamente el mismo que se da segundos antes de la llegada de un tornado, y él vivió esta situación cuando vivía con sus padres en Kansas.
Los pájaros dejan de cantar, el cielo se cierra en un mar de nubes negras y el aire deja de moverse. No corre el viento, nada. Lo único que oyes es tu corazón bombeando sangre y tu propia respiración. En tu cuerpo se instala el miedo y el pánico se atesora de tu mente impidiéndote a penas el movimiento. En el estudio el aire parecía tener la densidad del mismísimo agua. Juraría que se podía cortar en aquel momento.
El silencio fue bruscamente roto por el leve ruido de una pisada en el exterior del piso. El sonido que esa pisada hizo fue lo más parecido a oír el batir de alas de un mosquito en medio del graderío de un estadio de fútbol. Ambos hombres se miraron. Había alguien en el pasillo.
-¿Esperas visita? -preguntó con gravedad el desconocido-.
-No. -pudo dejar salir de su boca el profesor cuyo cuerpo era lo más parecido al estado de una piedra que puede alcanzar un ser humano-.
-Joder, son ellos.
-Explíquese, por favor. -dijo movido por la curiosidad, por esa misma que le hizo abrir la puerta a un completo desconocido de tintes sombríos y rodeado por el más completo secretismo.
-¿Es usted David? ¿David Westinghouse?
-Sí, soy yo. ¿Cómo sabe mi nombre? -contestó perplejo.
-Eso no importa ahora, no tengo demasiado tiempo. Si estoy en el lugar correcto no deberían tardar en llegar.
-¿Tardar en llegar? ¿Quién? -preguntó, pensando dubitativo en si debería saber lo siguiente-. ¿Estoy en peligro?
-Deje las preguntas para más tarde, por favor. -respondió de forma seca y dominante-. Ahora escuche esto con atención.
El desconocido se inclinó hacia adelante y apoyó los codos sobre el escritorio.
-Su padre falleció la semana pasada. Fue asesinado por... -dudó en si debería continuar-. Bueno, fue asesinado.
-¿C-C-Cómo? -vaciló-. ¿Mi padre? Mi padre murió hace nueve años en un accidente de tráfico. Creo que se equivocan de persona.
-Eso fue lo que intentamos que pareciera. Déjeme continuar, se lo explicaré. -dijo el hombre de forma cortante-. Su padre llevaba trabajando con nosotros desde hacía un par de décadas. Trataba de recomponer un proyecto en el que hacía años que trabajaba. Intentaba crear energía desde la nada. Energía libre, gratuita y accesible incluso para las personas más pobres. Esto no gusta a todo el mundo, ya que, para empezar, las multinacionales energéticas se desmoronarían y esto provocaría el más absoluto caos económico y financiero mundial. Enfadaría a demasiadas personas. Creo que me entiende. Tuvimos que hacerle desaparecer. No había otra opción.
El profesor seguía aún estancado en la primera frase que el desconocido dejó escapar de su boca y en su mente se repetían sin cesar, como un martillo golpeando un yunque: padre-asesinado-semana pasada.
El tiempo había pasado casi imperceptiblemente, ni siquiera se dio cuenta de que había oscurecido y la estancia en la que se encontraban ambos hombres a penas era iluminada por el reflejo de las farolas de la calle, a unas decenas de metros bajo ellos. Más que iluminar, perfilaban de manera sutil la oscuridad.
-Ahora que su padre ha muerto, queremos que usted continúe su proyecto, si no habría dado su vida en vano. -el hombre continuó-. Meses antes de morir nos habló de usted y nos informó de que mientras cursaba su carrera universitaria le ayudaba a preparar este mismo proyecto.
-Sí, eso es cierto. -acertó a responder mientras su memoria empezaba a viajar muy atrás en el tiempo-. Le ayudaba. Pero de eso hace muchísimos años y no tengo ni la menor idea de cómo podría ayudarles a continuar el proyecto si tan siquiera soy capaz de hablar con mi padre sobre él. No sé en qué estado estaría.
-No se preocupe por ello. -contestó mientras sacaba de uno de los bolsillos de su gabardina un cuaderno-. Tome, aquí está toda la información que necesita sobre el proyecto. Su padre fue muy inteligente al apuntar cada uno de los pasos que fue dando.
El profesor reconoció de forma inminente ese cuaderno. Era la agenda de su padre. Negra, sencilla, sin nada escrito en la portada. Lo único que rompía la sobriedad de aquella agenda era una floritura con forma de búho en la esquina inferior derecha del mismo.
Ambos hombres callaron. El profesor miraba con detenimiento el exterior de la agenda. El desconocido le observaba con tensión. Y, de repente, se hizo el silencio. Era un silencio casi absoluto. Es ese tipo de silencios que dan lugar justo antes de que ocurra algo malo, muy malo.
El profesor recordaba ese silencio porque era exactamente el mismo que se da segundos antes de la llegada de un tornado, y él vivió esta situación cuando vivía con sus padres en Kansas.
Los pájaros dejan de cantar, el cielo se cierra en un mar de nubes negras y el aire deja de moverse. No corre el viento, nada. Lo único que oyes es tu corazón bombeando sangre y tu propia respiración. En tu cuerpo se instala el miedo y el pánico se atesora de tu mente impidiéndote a penas el movimiento. En el estudio el aire parecía tener la densidad del mismísimo agua. Juraría que se podía cortar en aquel momento.
El silencio fue bruscamente roto por el leve ruido de una pisada en el exterior del piso. El sonido que esa pisada hizo fue lo más parecido a oír el batir de alas de un mosquito en medio del graderío de un estadio de fútbol. Ambos hombres se miraron. Había alguien en el pasillo.
-¿Esperas visita? -preguntó con gravedad el desconocido-.
-No. -pudo dejar salir de su boca el profesor cuyo cuerpo era lo más parecido al estado de una piedra que puede alcanzar un ser humano-.
-Joder, son ellos.
domingo, 2 de junio de 2013
El ascenso, parte II. Juego literario.
Para poder seguir la historia desde el principio debéis visitar los siguientes links, por orden:
Parte 1: http://literatacasual.wordpress.com/2013/06/02/el-ascenso/
Parte 2:
Cualquiera hubiese dicho que los días de nuestro hombre ya habían terminado y solo se aferraba a terminarlos de la manera más placentera y relajada posible. Pero nada más alejado de la realidad. Nadie podía imaginar que la vida de “El profesor”, como cariñosamente le conocían sus más allegados, que cada vez eran menos, estaba a punto de cambiar.
El profesor oyó unas huecas pisadas en el pasillo de la planta en la que vivía. Esto le pareció raro, pues en la última planta solo había un piso, el suyo. Podía notar cómo escuchaba esos pasos cada vez más cerca. En sus oídos retumbaba el sonido de aquellos zapatos. Parecían pies grandes, de hombre. Pisaba el suelo con tanta fuerza y seguridad que el mismo aire se apartaba antes de que sus pies tocasen las baldosas de mármol italiano que decoraban el pasillo. Su corazón empezó a latir cada vez con más fuerza, como si su pecho empezase a disminuir de tamaño y esto le presionase a salir de él.
Estaba paralizado, no sabía qué hacer. La última vez que alguien le visitó fue hacía casi un año, por motivo de su cumpleaños. Solo un amigo de la infancia recordó tal día y decidió acudir al piso para pasar la tarde tomando cerveza y contando historias ya empolvadas en la memoria.
Pero aquello era diferente, el cielo se cerró. A penas cabían un par de rayos de luz entre la inmensidad de las cada vez más grisáceas nubes. Más que nubes parecían plomo flotando.
Al encender la cámara del portero automático solo pudo atisbar una figura masculina, con sombrero y gabardina. Llevaba algo parecido a un cuaderno en la mano izquierda. La derecha parecía ocultarse en uno de los grandes bolsillos de la prenda. Estaba totalmente seguro de que no le conocía. Se retiró hacia detrás dando un par de pasos, movido tal vez por ese miedo que tenemos todos hacia lo desconocido, acrecentado por la sombría figura de lo que pudo observar a través de la pequeña pantalla.
Cuando el desconocido se encontraba frente a frente contra la oscura madera de la puerta tocó el timbre y el sonido de miles de pequeñas campanas inundó la tensa situación durante unos segundos que parecieron una eternidad. Recordaría aquel día el resto de su vida.
Parte 1: http://literatacasual.wordpress.com/2013/06/02/el-ascenso/
Parte 2:
Cualquiera hubiese dicho que los días de nuestro hombre ya habían terminado y solo se aferraba a terminarlos de la manera más placentera y relajada posible. Pero nada más alejado de la realidad. Nadie podía imaginar que la vida de “El profesor”, como cariñosamente le conocían sus más allegados, que cada vez eran menos, estaba a punto de cambiar.
El profesor oyó unas huecas pisadas en el pasillo de la planta en la que vivía. Esto le pareció raro, pues en la última planta solo había un piso, el suyo. Podía notar cómo escuchaba esos pasos cada vez más cerca. En sus oídos retumbaba el sonido de aquellos zapatos. Parecían pies grandes, de hombre. Pisaba el suelo con tanta fuerza y seguridad que el mismo aire se apartaba antes de que sus pies tocasen las baldosas de mármol italiano que decoraban el pasillo. Su corazón empezó a latir cada vez con más fuerza, como si su pecho empezase a disminuir de tamaño y esto le presionase a salir de él.
Estaba paralizado, no sabía qué hacer. La última vez que alguien le visitó fue hacía casi un año, por motivo de su cumpleaños. Solo un amigo de la infancia recordó tal día y decidió acudir al piso para pasar la tarde tomando cerveza y contando historias ya empolvadas en la memoria.
Pero aquello era diferente, el cielo se cerró. A penas cabían un par de rayos de luz entre la inmensidad de las cada vez más grisáceas nubes. Más que nubes parecían plomo flotando.
Al encender la cámara del portero automático solo pudo atisbar una figura masculina, con sombrero y gabardina. Llevaba algo parecido a un cuaderno en la mano izquierda. La derecha parecía ocultarse en uno de los grandes bolsillos de la prenda. Estaba totalmente seguro de que no le conocía. Se retiró hacia detrás dando un par de pasos, movido tal vez por ese miedo que tenemos todos hacia lo desconocido, acrecentado por la sombría figura de lo que pudo observar a través de la pequeña pantalla.
Cuando el desconocido se encontraba frente a frente contra la oscura madera de la puerta tocó el timbre y el sonido de miles de pequeñas campanas inundó la tensa situación durante unos segundos que parecieron una eternidad. Recordaría aquel día el resto de su vida.
sábado, 1 de junio de 2013
Reflexiones: ¿Solo peones en un tablero de ajedrez?
Hoy es el día de las Fuerzas Armadas y me gustaría comentar un par de cosas sobre ellos.
Lamentamos diariamente la muerte de 1 o 2 soldados españoles, americanos o británicos en la televisión o la prensa. En países como Irak, Afganistán, etc. Les homenajeamos y lloramos sus pérdidas, hasta ahí todo lo normal por el mero hecho de ser personas con sentimientos.
El problema es que en los países en los que esos soldados "luchan por la paz" mueren diariamente decenas o centenares de civiles inocentes. Y nos hemos acostumbrado en las noticias a ver ese tipo de titulares, nos han deshumanizado.
No sentimos igual la muerte de un par de soldados yankees que la de 150 civiles inocentes en Irak o Afganistán. Los soldados tienen ese riesgo añadido en su sueldo y su oficio, al igual que un bombero sabe que puede que no vuelva a casa después del trabajo. Pero que alguien me explique qué culpa tiene un niño afgano de que en su país hayan guerras religiosas en las que los países a los que llamamos "desarrollados" encuentran intereses financieros y energéticos.
Los que llamamos "países desarrollados" como EEUU, Rusia e, incluso España, son de los mayores vendedores de armamento en el mundo. Solo para poder empezar guerras que les favorecerán a ellos mismos, porque en la sociedad que nos ocupa hay algún iluminado que piensa que para seguir siendo rico y mantener un cierto bienestar, deben haber millones de personas pobres cuya rutina es escuchar el ruido de ráfagas de disparos, bombas y sirenas de ambulancias y de toques de queda diariamente con la única posibilidad de luchar o morir, porque no hay más.
Pero claro, una vez hemos sido bombardeados con tanta infamia, el cerebro, como medida "defensiva" tiende a cada vez darle menor importancia.
Si mueren 120 personas en EEUU por una serie de tornados en las noticias lo pintan como el fin del mundo, una auténtica barbarie, una tragedia. Pero, sin querer desmerecer al anterior hecho, ¿por qué cuando mueren 600 personas por el derrumbe de dos edificios en Bangladesh por culpa de, entre otros, empresarios españoles no se le da la misma importancia? ¿Acaso vale menos la vida de un trabajador de Bangladesh que la de un ciudadano americano o la de un soldado español? ¿Qué nos hace poder pensar eso? ¿Desde cuándo una raza vale menos que otra?
¿Quién nos dio crédito de superioridad solo por haber descubierto antes lo que ahora llamamos civilización o educación?
Y ya que estamos tratando el tema, ¿pensáis realmente que no ocurren noticias buenas diariamente en cualquier parte del mundo? ¿Por qué es noticia solo lo malo?
Diariamente vemos cómo nos bombardean con noticias desastrosas en economía, sobre asesinatos, tragedias, secuestros, atentados terroristas, ...
Yo lo llamo el "control a través del miedo". Un rebaño de ovejas asustadas es más dócil que un rebaño de ovejas tranquilas que tienen tiempo para pensar en que las podrían estar manipulando.
Estamos en-ga-ña-dos constantemente. En anteriores siglos era la Iglesia la encargada de ponernos el velo delante de la cara para ocultarnos la realidad. Y, en esta era, los propios gobiernos y las élites financieras. ¿Para qué? Solo para poder seguir siendo élites. El mundo está movido por la codicia de unos pocos, somos sus peones en el tablero de ajedrez.
Ha llegado el momento de abrir los ojos.
Lamentamos diariamente la muerte de 1 o 2 soldados españoles, americanos o británicos en la televisión o la prensa. En países como Irak, Afganistán, etc. Les homenajeamos y lloramos sus pérdidas, hasta ahí todo lo normal por el mero hecho de ser personas con sentimientos.
El problema es que en los países en los que esos soldados "luchan por la paz" mueren diariamente decenas o centenares de civiles inocentes. Y nos hemos acostumbrado en las noticias a ver ese tipo de titulares, nos han deshumanizado.
No sentimos igual la muerte de un par de soldados yankees que la de 150 civiles inocentes en Irak o Afganistán. Los soldados tienen ese riesgo añadido en su sueldo y su oficio, al igual que un bombero sabe que puede que no vuelva a casa después del trabajo. Pero que alguien me explique qué culpa tiene un niño afgano de que en su país hayan guerras religiosas en las que los países a los que llamamos "desarrollados" encuentran intereses financieros y energéticos.
Los que llamamos "países desarrollados" como EEUU, Rusia e, incluso España, son de los mayores vendedores de armamento en el mundo. Solo para poder empezar guerras que les favorecerán a ellos mismos, porque en la sociedad que nos ocupa hay algún iluminado que piensa que para seguir siendo rico y mantener un cierto bienestar, deben haber millones de personas pobres cuya rutina es escuchar el ruido de ráfagas de disparos, bombas y sirenas de ambulancias y de toques de queda diariamente con la única posibilidad de luchar o morir, porque no hay más.
Pero claro, una vez hemos sido bombardeados con tanta infamia, el cerebro, como medida "defensiva" tiende a cada vez darle menor importancia.
Si mueren 120 personas en EEUU por una serie de tornados en las noticias lo pintan como el fin del mundo, una auténtica barbarie, una tragedia. Pero, sin querer desmerecer al anterior hecho, ¿por qué cuando mueren 600 personas por el derrumbe de dos edificios en Bangladesh por culpa de, entre otros, empresarios españoles no se le da la misma importancia? ¿Acaso vale menos la vida de un trabajador de Bangladesh que la de un ciudadano americano o la de un soldado español? ¿Qué nos hace poder pensar eso? ¿Desde cuándo una raza vale menos que otra?
¿Quién nos dio crédito de superioridad solo por haber descubierto antes lo que ahora llamamos civilización o educación?
Y ya que estamos tratando el tema, ¿pensáis realmente que no ocurren noticias buenas diariamente en cualquier parte del mundo? ¿Por qué es noticia solo lo malo?
Diariamente vemos cómo nos bombardean con noticias desastrosas en economía, sobre asesinatos, tragedias, secuestros, atentados terroristas, ...
Yo lo llamo el "control a través del miedo". Un rebaño de ovejas asustadas es más dócil que un rebaño de ovejas tranquilas que tienen tiempo para pensar en que las podrían estar manipulando.
Estamos en-ga-ña-dos constantemente. En anteriores siglos era la Iglesia la encargada de ponernos el velo delante de la cara para ocultarnos la realidad. Y, en esta era, los propios gobiernos y las élites financieras. ¿Para qué? Solo para poder seguir siendo élites. El mundo está movido por la codicia de unos pocos, somos sus peones en el tablero de ajedrez.
Ha llegado el momento de abrir los ojos.
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