domingo, 2 de junio de 2013

El ascenso, parte II. Juego literario.

Para poder seguir la historia desde el principio debéis visitar los siguientes links, por orden:

Parte 1: http://literatacasual.wordpress.com/2013/06/02/el-ascenso/

Parte 2: 

Cualquiera hubiese dicho que los días de nuestro hombre ya habían terminado y solo se aferraba a terminarlos de la manera más placentera y relajada posible. Pero nada más alejado de la realidad. Nadie podía imaginar que la vida de “El profesor”, como cariñosamente le conocían sus más allegados, que cada vez eran menos, estaba a punto de cambiar.

El profesor oyó unas huecas pisadas en el pasillo de la planta en la que vivía. Esto le pareció raro, pues en la última planta solo había un piso, el suyo. Podía notar cómo escuchaba esos pasos cada vez más cerca. En sus oídos retumbaba el sonido de aquellos zapatos. Parecían pies grandes, de hombre. Pisaba el suelo con tanta fuerza y seguridad que el mismo aire se apartaba antes de que sus pies tocasen las baldosas de mármol italiano que decoraban el pasillo. Su corazón empezó a latir cada vez con más fuerza, como si su pecho empezase a disminuir de tamaño y esto le presionase a salir de él.
Estaba paralizado, no sabía qué hacer. La última vez que alguien le visitó fue hacía casi un año, por motivo de su cumpleaños. Solo un amigo de la infancia recordó tal día y decidió acudir al piso para pasar la tarde tomando cerveza y contando historias ya empolvadas en la memoria.
Pero aquello era diferente, el cielo se cerró. A penas cabían un par de rayos de luz entre la inmensidad de las cada vez más grisáceas nubes. Más que nubes parecían plomo flotando.
Al encender la cámara del portero automático solo pudo atisbar una figura masculina, con sombrero y gabardina. Llevaba algo parecido a un cuaderno en la mano izquierda. La derecha parecía ocultarse en uno de los grandes bolsillos de la prenda. Estaba totalmente seguro de que no le conocía. Se retiró hacia detrás dando un par de pasos, movido tal vez por ese miedo que tenemos todos hacia lo desconocido, acrecentado por la sombría figura de lo que pudo observar a través de la pequeña pantalla.

Cuando el desconocido se encontraba frente a frente contra la oscura madera de la puerta tocó el timbre y el sonido de miles de pequeñas campanas inundó la tensa situación durante unos segundos que parecieron una eternidad. Recordaría aquel día el resto de su vida.

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