martes, 24 de septiembre de 2013

Buscando la esencia. Poema XXXIV.

Gritando al silencio,
para perder la razón
y ganar el sentido
en un único pensamiento.
Observando el abismo
de un camino, trazado
por el dedo del ciego
de amores y soledad.

Qué bello es vivir
muriendo,
nadando en el aire
contaminado de maldad,
respirando mar,
ahogando la pena
en un vaso de cristal.

Que bello es morir
viviendo,
exhalando cada suspiro
de amor y felicidad,
sangrando amapolas
que apuñalaron con letras
la tierra que adoran.

Iré donde la luna,
a acompañarla
en su soledad infinita.
Me alejaré del sol;
punzante brillo
el que sus rayos esgriman.
Emanarán de mí
la luz y la oscuridad;
una sombra iluminada,
un brillo abatido y cansado.
Ambas hermanadas
por el calor del universo.

Sin abogar por lo extenso,
admirando lo minúsculo,
un ojo, de otro, buen socio,
husmeando el detalle,
haciendo tonta la inteligencia.
Reencontrándome con el propio
en la búsqueda de la esencia.

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