Caí agotado en el absorto vacío
de pensamientos y oscuridad;
debí hacerme la idea,
era cuestión de tiempo y lugar.
Mi mente se despeñó en el pozo
oscuro, llano, húmedo e inhóspito
para el razonamiento y el sentir.
Cerramiento consciente de la verdad.
Quería salir,
pero me paralicé
al darme de bruces
con la realidad.
Y luché,
pensé,
lloré,
corrí
y me paré.
Grité.
Me di libertad,
donde no la encontré.
Me di al llanto,
donde nunca entristecí.
Y vi el mar,
donde no hay agua.
Era el grito desesperado de la vida,
cuyos colores me quería mostrar.
Y yo le negué mis ojos,
hechizados por la irrealidad.
Era el grito ahogado de la vida,
cuya ternura me quería regalar.
Y yo le quité el oído
a su dulce musicalidad.
Era el grito arrancado de la vida,
cuyos brazos me quería acercar.
Y yo... Le tendí los míos,
dispuesto a abrazarla y continuar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario