Sólo eran palabras,
que murieron
donde el viento deja de soplar,
donde yacen los recuerdos,
donde, ahora, habita el olvido.
La vida de mis manos se cayó
y se ha roto en pedacitos.
Debe ser la fragilidad cristalina
de los momentos duros
de mente y corazón.
Si duele es que sigo vivo,
pero debo seguir andando;
en mis botas voy, en compañía
porque a veces escribo.
La luna me guía en el camino.
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