Para seguir la historia completa visita el siguiente link: http://angelgarriv.blogspot.com.es/p/el-ascenso.html
Anduvieron durante unos minutos por la calle, repleta de gente, con afán de tratar de despistar a quienes, hipotéticamente, podrían seguirles. No abrió la boca ninguno; David, el profesor, porque aún no sabía muy bien si lo que estaba ocurriendo era real; y aquel hombre lo hacía por mantener la frialdad que le había representado en todo momento desde su primer contacto con David.
Tras pasar por algunas callejuelas estrechas, amparados por el silencio y sigilo de la noche, y cerciorarse de que nadie les seguía ambos fueron hacia un coche. Era un flamante sedán negro con los cristales traseros tintados. No había nada característico que lo diferenciase de cualquier otro coche, excepto la propia sobriedad del oscuro. Era un coche robusto, fuerte, casi cuadrado. Por la forma del capó cualquiera podría adivinar que era un vehículo de gran potencia. Ambos montaron. David se sentó en el lado del copiloto manteniendo la composición de su rostro como podía, ya que llevaba algo más de una hora siguiendo a aquel hombre, que le había salvado la vida, sin cruzar palabra alguna con él y sin más explicación que la de una corta y concisa charla. Estaba en completo shock.
El coche arrancó, y David pareció volver en sí con el ruido de aquel giro de la llave en el contacto.
-¿Dónde vamos? -preguntó con la boca entreabierta y sin pestañear.
-A un lugar seguro. Aquí no lo estás.
David dudaba. Aquel hombre había salvado su vida, pero acompañarlo supondría la total desaparición de su vida, al menos tal y como la conocía. Vivir entre soledad, melancolía, llantos, tristeza, fotos y libros no era lo que se podría llamar una vida plena, pero, en algún momento u otro nos terminamos acostumbrando a eso que solemos llamar rutina. Aunque, por otra parte, si habían intentado matarlo una vez, ¿qué le impedía pensar que podrían hacerlo otra vez?
De nuevo su mente se abstrajo del mundo terrenal. De nuevo las nubes no le parecían lo bastante alto. De nuevo el suelo le daba vértigo. Siempre había sido propenso a no tener que elegir entre decisiones demasiado dolorosas. Esto le había supuesto grandes problemas. Estaba solo por ello. Hubiera muerto solo por ello, de no ser por esta confusa y veloz tarde de color bronce, que invitó a la plata nocturna de la luna que iluminaba las calles en su camino a ninguna parte.
-Abrid la verja del recinto y el portón de la entrada de la montaña. -dijo "el Jefe" con firmeza.
-De acuerdo, señor. -contestó alguien al fondo.
El sonido del cambio de pavimento despertó a David. Se había quedado dormido en el coche. Iban por un camino rural rodeado de árboles y oscuridad en la que no podían visualizar nada más allá de lo que las tenues luces del silencioso y enorme coche les permitían.
-¿Dónde estamos? -quiso saber David.
-Ya estamos llegando, sigue durmiendo si quieres. Necesitas recargar energías, ha sido un día largo. -respondió con algo de más suavidad en la voz.
-No tengo sueño ahora mismo. Por cierto, no me dijiste tu nombre.
-Christian, me llamo Christian. Perdón por no habértelo dicho antes. Como comprenderás no hemos tenido tiempo para ello. -casi interrumpió a David, como si le diera vergüenza no haberse presentado hasta este momento.
Aquel hombre, frío y directo, de la gabardina parecía haberse sustituido por este otro, que parecía más calmado por, suponemos, la proximidad a un lugar realmente seguro. Eso relajó también a David. Eso y que, tras pasar la mano por el bolsillo interior de su abrigo, recordó que aún mantenía la foto. Lo único que le mantenía conectado con su anterior vida. La foto de ella.
-Muchas gracias por todo. Gracias, de verdad. -aprovechó David para comentar en la distensión del momento.
-¿Por qué deberías darme las gracias? Es mi trabajo, no hice nada más que eso. Mi deber.
David, impactado por la respuesta, continuó:
-¿Tu trabajo?
-Sí. Eso dije. Mi trabajo. Cuando lleguemos ya hablaremos sobre ello.
Pasaron apenas unos minutos y empezó a levantar el alba sus luces de la renovación, que barrieron la oscuridad, aunque no del todo, de lo que parecía un frondoso bosque. Pasaron a través de un pequeño puente de madera que cruzaba un riachuelo de montaña y, a unos pocos metros, se abrió lo que parecía ser un trozo de una colina oculta bajo ciento de largos árboles. Una boca enorme que no dejaba ver nada en su interior más que reflejos. Entraron en ella y se cerró a su paso mientras continuaban un camino debajo de la colina, bien pavimentado con planchas de cemento. En los laterales unos pequeños faroles con bombillas iluminaban el túnel, que ofrecía al fondo una luz brillante y grisácea.
-Bienvenido, David. -se adelantó a decir una de las personas que allí esperaban a que ambos bajaran del coche.
-Gracias.
-Soy Bruce, aunque todos me llaman Jefe. Estas son las instalaciones de nuestro equipo de investigación, el mismo que tendrás a tu cargo si aceptas la oferta y continuas con nosotros. -extendió la mano para ofrecérsela a David y ambos se saludaron.
-Supongo que querrás descansar un poco antes de empezar a...
-Ahora mismo no quiero descansar. Me gustaría saber qué hago aquí, por qué alguien ha intentado matarme hoy, por qué mi padre seguía vivo sin saberlo, por qué fue asesinado. -cortó David.
-Cálmate muchacho, cálmate. Hay tiempo para eso, primero te convendría descansar un poco. -contestó Bruce, que tenía voz grave, pero a la vez suave y transmisora de tranquilidad. -Vivirás con Christian en un piso de la ciudad, así estarás más seguro. Descansa bien y compra algo de ropa, el dinero no es un problema. Volved mañana y contestaré a todas las preguntas que tengas, que creo serán muchas, es normal que estés algo confuso.
-No te separes de él. -se acercó el Jefe para susurrar al oído de Christian. Éste asintió.
-Vamos, te llevaré a comprar algo de ropa primero. -dijo Christian dirigiendo la mirada a David que, haciendo caso a lo señalado, dio media vuelta y puso dirección al coche. Estaba demasiado cansado.
Ambos montaron en el mismo vehículo de antes y salieron por el angosto túnel, por el que habían venido anteriormente, hacia la claridad de la mañana de un día que los saludaba con cegadores rayos de luz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario