de la noche marchita,
impresa en las aguas
de sueños que la transitan.
Bajo el árbol agotado
de una vida infinita,
cuyas hojas no se mueven,
bailan, por el aire mecidas.
Aquí escribiré la historia
de un sueño deslumbrado,
figurándolo en el bien,
dejándolo, sin ser atisbado.
Aquí escribiré la oda definitiva,
aquella que cante al ser humano,
un himno a la felicidad y,
¿por qué no?, también al enfado.
Descubriré que no estaba solo
en aquella larga travesía,
pues estaba bien acompañado,
tenía de mi lado a la poesía.
Descubriré una luna sonriente,
y al mar oscuro, su aliado,
y tendré que pedir perdón,
perdón por haberla amado.
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