Maestros para nosotros mismos,
alumnos del propio maestro.
Tú lo fuiste para mí con ritmo,
dando lo justo en cada momento.
Sin desperdiciar una gota,
para llegar a lo que hoy somos.
Aquí somos y estamos,
aquí parecemos y padecemos
los estragos de la vida.
Barreras y problemas que
tu presencia alentadora
despierta dentro del corazón,
esperándote apoyado, más tarde,
en la que, a tu lado,
parece una fácil solución.
Gracias por enseñarme,
de la vida,
su más rico tesoro:
que su argumento es el amor.
De nuestra propia vida
actores y actrices;
tratando de sentirlo todo,
beber de todos los matices.
Señalando el camino a seguir
en la curva argumental
de una película.
Completando el compás
de un acorde mal tocado,
y reescribiendo el ritmo
sobre las cuerdas de la luna
en el instrumento trasnochado.
Verano lleno de magia
al compás de una guitarra.
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