jueves, 29 de agosto de 2013

Hermano (A Jose Rivero). Poema XXXI.

Maestros para nosotros mismos,
alumnos del propio maestro.
Tú lo fuiste para mí con ritmo,
dando lo justo en cada momento.
Sin desperdiciar una gota,
para llegar a lo que hoy somos.

Aquí somos y estamos,
aquí parecemos y padecemos
los estragos de la vida.
Barreras y problemas que 
tu presencia alentadora
despierta dentro del corazón,
esperándote apoyado, más tarde,
en la que, a tu lado, 
parece una fácil solución.
Gracias por enseñarme,
de la vida,
su más rico tesoro:
que su argumento es el amor.

De nuestra propia vida
actores y actrices;
tratando de sentirlo todo,
beber de todos los matices.
Señalando el camino a seguir
en la curva argumental
de una película.
Completando el compás
de un acorde mal tocado, 
y reescribiendo el ritmo 
sobre las cuerdas de la luna 
en el instrumento trasnochado.

Verano lleno de magia
al compás de una guitarra.

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