A veces siento como caigo
en el abismo de una palabra.
Me dejo llevar por ella,
por su posesión macabra.
No sé calmar su profundidad,
y me pierdo.
Siento la minuciosidad
sin estar muy de acuerdo.
Y aunque pensemos que somos gigantes,
seres invencibles,
no somos más que polvo de estrellas,
aquellas que, un día, dejaron de ser visibles.
El universo es demasiado grande,
incontrolable, salvaje y extraño;
inexplicable, dicen algunos,
para un insignificante ser humano.
Pero el universo no está fuera,
eso es una mera representación.
Todos nosotros tenemos
una galaxia en el interior.
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