jueves, 29 de agosto de 2013

Luna de desengaños. Poema XXXII.

Cayendo en el abismo de un lamento,
profundo cual corazón desgarrado
por el pico carroñero de Cupido.
En el vacío, así me encuentro.

Como en noches sin reina blanca en el cielo,
pájaro azahar de vuelo nocturno,
que se esconde travieso
cuando el padre alcanza el cénit diurno.

Este es el juego de la vida,
aquí solo cabe una opción:
dejarte guiar por el poder
del más traicionero amor.

Yo elegí enamorarme de la luna,
del más pálido y puro rostro
que puede amoldar la belleza;
y de sus cabellos lisos y hermosos.

¿Me equivoqué? Me preguntaba
sin poder obtener una clara respuesta.
Y es que estaba buscándola
en un lago de lágrimas muertas.

Puede que el amor
ya haya acabado conmigo,
pero de él aún obtengo,
de mil fuegos, un abrigo.

Y sin embargo hay esperanza,
ya que las estrellas brillan más
cuando la luna no está.

Me aferro en caminar el sendero
de los alegres, el camino del destino,
la vía de la constancia, en seguir el hilo.

Es el mismo ímpetu que se empeña
en demostrar que sigo vivo,
y que lo sé porque amo.

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